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Cómo conseguir más reseñas de 5 estrellas en Google sin saltarte sus normas

Las reseñas de Google deciden buena parte de quién entra por tu puerta. Y aquí hay una asimetría que juega en tu contra: el cliente descontento escribe solo, y el contento se va tan a gusto que ni se acuerda.

Corregir ese desequilibrio es legítimo y funciona. Corregirlo de la forma equivocada puede costarte la ficha.

La línea que no conviene cruzar

Existe una práctica extendida que consiste en preguntar primero al cliente qué tal ha ido y, según responda, enseñarle el enlace de Google solo si ha puntuado alto; a los descontentos se les desvía a un formulario privado y no se les enseña Google. Se le llama filtrado de reseñas.

Google lo prohíbe expresamente en sus políticas de contenido. Y el riesgo no es teórico: el patrón se detecta en la propia ficha —una distribución de estrellas antinaturalmente limpia— y también lo vive el cliente, que a veces cuenta en la reseña que se le intentó desviar. Las consecuencias van desde borrar reseñas hasta penalizar o suspender la ficha, que para un restaurante es perder la mitad de las reservas.

Que el filtrado esté programado dentro de tu sistema no lo hace indetectable. Lo que se detecta no es el código: es el resultado y el comportamiento que vive el cliente.

Lo que sí puedes hacer

Puedes pedir reseñas. Puedes ponérselo fácil a quien ha tenido una buena experiencia. Y puedes preguntar a todos qué tal ha ido para enterarte de los problemas. Lo que no puedes es esconder el camino a Google en función de la respuesta.

  • Pide la reseña al final, cuando la experiencia está fresca y el cliente todavía está en la mesa.
  • Ponlo a un toque: un enlace directo a tu ficha, no «búscanos en Google».
  • Pregunta a todo el mundo, no solo a los que ves contentos.
  • A quien no ha quedado a gusto, ábrele un canal privado — pero sin quitarle el público.
  • Contesta a las reseñas, también a las malas. Se nota más de lo que parece.

El momento correcto es al final, no al principio

Pedir la opinión nada más sentarse o a mitad de comida no tiene sentido: el cliente todavía no tiene una opinión. Y hacerlo días después por correo llega tarde, cuando el recuerdo ya se ha diluido y la probabilidad de respuesta se desploma.

El punto bueno es el final del servicio, cuando ya ha pasado todo y todavía está allí.

Una queja recogida a tiempo vale más que una reseña

La mayoría de reseñas de una y dos estrellas nacen de algo que se podría haber arreglado en el momento: una espera larga, un plato frío, una mesa incómoda. El cliente no se queja en la mesa —le da apuro— y se desahoga desde el coche.

Si te enteras mientras sigue sentado, tienes margen para arreglarlo. Y un problema resuelto en el momento no solo evita la reseña mala: a veces produce la buena.

Cómo lo hace Spatula

Al terminar la conversación, Spatula pregunta al cliente qué tal ha ido. Si ha quedado contento, le ofrece un botón grande a tu ficha de Google. Si no, le abre un cuadro privado para que cuente qué ha fallado.

La diferencia con el filtrado está en un detalle deliberado: al descontento también se le sigue viendo el enlace de Google, secundario pero visible. No se le esconde nada. Conserva casi todo el efecto y ninguno del riesgo.

Pruébalo con tu propia carta

Sube el PDF de tu carta y habla con ella en medio minuto. Sin registrarte y sin dar una tarjeta.

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